Por aquello de no empezar ya con las postales más típicas -tiempo habrá-, una instantánea habanera que se ha salvado de la primera criba de fotos.
Como la mayoría de ellas, está tomada con una Canon EOS 7D y un zoom 18-135 mm. De acuerdo, no es la mejor óptica del mundo, pero es suficientemene pequeño y práctico como para que no incordie demasiado en la mochila. Aunque inicialmente se me pasó por la cabeza ir en plan campeón sólo con ópticas fijas, al final ganó la opción más cómoda: este zoom y un Sigma 10-20 para las tomas más efectistas.
Además, reputados estudios certifican que la tasa de provocación de divorcios fotográfico-vacacionales de este conjunto es mucho menor que la de tres objetivos fijos y su consiguiente… “un momento, un momento, que tengo que cambiar de óptica otra vez”.