Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM
Se dice por ahí que Pentax está a punto de lanzar su segundo sistema sin espejo. Al parecer, y tras experimentar con la diminuta Pentax Q, ahora la idea es lanzar algo más convencional y que esté basado en un sensor de tamaño APS-C. De confirmarse estos rumores -que se confirmarán-, se completará un nuevo capítulo en esta novela que comenzaron a escribir Olympus y Panasonic en agosto de 2008, cuando aquello de quitarles el espejo a las cámaras de objetivo intercambiable nos parecía casi tan extraño como exótico.
Vamos camino de cumplir cuatro años desde tan señalada fecha, y excepto Canon, el resto de firmas del sector han acabado por colarse en este segmento, confirmando una vez más que la realidad casi siempre acaba siendo menos original y más repetitiva que los planes trazados sobre el papel.
Porque, si de algo se sabe en este mercado es de calcar el escaparate de la competencia para acabar ofreciendo casi lo mismo. Da igual que se trate de compactas, réflex, modelos de estos sin espejo o cafeteras termonucleares. A la hora de la verdad, los catálogos se parecen tanto, que a cierta distancia costaría distinguir unas cámaras de otras.
Y como era de esperar, con este nuevo segmento ha pasado tres cuartos de lo mismo. Los chicos de “marketing” siguen discutiendo si en Europa tardaremos mucho o poco en seguir los pasos de Japón a la hora de desterrar los espejos, los visores y toda esa parafernalia mecánica.
Tan predecibles como un calendario, quienes apuestan sólo por este tipo de cámaras (Olympus y Panasonic) están convencidos de ello, mientras que los que salvan sus cuentas a base de vender cámaras SLR miran con cierta condescendencia a estos jovenzuelos impertinentes.
Pero salvo Canon, que ya se sabe que necesita su tiempo, el resto de firmas ya ha colocado -por si acaso- sus fichas en esta nueva ruleta, aportando algo en algunos casos o simplemente al grito de “pues yo también”, como suele ser habitual.
Curiosamente, desde este lado de la trinchera nos encanta pecar de bipolaridad y criticar tanto una actitud como la otra. Somos así: tenemos bofetadas para todos. Cuando un nuevo sistema apuesta por un sensor tan grande como el de una réflex con el consiguiente desequilibrio de tamaño entre el cuerpo y la óptica, sacamos los cuchillos afilados. ¿Hacía falta tanto lío para hacer una cámara más pequeña?, preguntamos con un gran bostezo.
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