Feliz 2010

Me temo que mi recurrente brindis por un Euribor al 1% cada vez que me topaba con una copa de cava estas pasadas fiestas no ha marcado tendencias. Por lo visto, entre los clásicos mensajes navideños que hacen que las operadores de telefonía se forren aún más este año ha triunfado uno que se dedicaba a desear un feliz 2010.

Ya saben, pongamos un paréntesis a 2009 para que pase cuando antes, a ver si las cosas marchan mejor para la economía dentro de 12 meses.

Y es que, como posiblemente ya se habrán percatado, seguimos en crisis. De hecho, los preclaros gurús económicos que sólo vieron el toro cuando ya nos había empitonado hasta el fondo, ahora revisan sus gráficos y nos aseguran que la cosa recesiva va para largo.

El tema es serio. Y no me refiero a los deprimentes índices bursátiles o al sufrimiento de los accionistas de tal o cual banco que ha dejado de trincar el 25% de beneficios anuales y ahora tiene que conformarse con un mísero 15%. Les hablo de esos expedientes de regulación de empleo que salpican casi todos los segmentos y que ya han llegado a las costas de la tecnología de consumo.

Me consta que todo esto de las crisis y las empresas que se desmoronan a algunos les hace la suficiente gracia como para jugar a las inocentadas con este tema. No sé yo si los casi 300 trabajadores de Sony o los 110 de Sharp que van a ir a la calle –por no salir de nuestras fronteras- sabrán también tomarse las cosas con esa guasa 2.0 que tanto se estila.

Chiquilladas al margen y mientras cada cual aprovecha 2009 para, al menos, despacharse a gusto con sus culpables favoritos, un repaso más pausado a lo que durante estos días se ha publicado puede provocar ciertos síndrome bipolar.

¿Realmente han caído tanto las ventas en el mercado tecnológico? ¿No estaban todas las compañías aumentando como locas la producción de paneles LCD hace muy pocos meses para satisfacer la creciente demanda?¿No acaba de cerrar Panasonic la multimillonaria compra de Sanyo?¿Lo del CES era sólo un espejismo o nadie se atreve a ser el primero en rebajar el ritmo?

El otro día, el responsable de una compañía del sector me aseguraba que las ventas habían bajado en los últimos meses y que la campaña navideña había sido muy floja. Menos diplomático fue el presidente de Canon, que tildó de “decepcionantes” las ventas de finales de año y auguró un terrorífico 2009 para las cámaras digitales.

Pero, mientras Sony –por poner un ejemplo- cierra fábricas y anuncia una gran reestructuración alegando la congelación de la demanda, todos tenemos aún frescos esos reportajes en los que se aseguraba que las consolas y los televisores planos habían sido el regalo estrella de las últimas navidades.

¿En qué quedamos?, le preguntaba al director de otra firma del sector cuando me aseguraba que ellos piensan aprovechar 2009 para sacar cabeza y que no había sitio para el pesimismo.  Su respuesta fue reveladora: un gráfico sobre la mesa en el que se aseguraba que durante la última semana de diciembre de 2008 se habían vendido muchas más cámaras digitales que en el mismo periodo del año pasado.

El problema –y aquí si parece hacer coincidencia de criterios- es que lo que ha caído es el valor del producto. Las compactas de 99 euros o las SLR de 399 arrasan dejando unos márgenes ridículos, mientras que el resto va a remolque.

Así que uno ya no sabe que pensar. Si el segmento se va realmente al garete y unos cuantos se quedarán por el camino o si –siendo un poco mal pensados- se está aprovechando la coyuntura para sanear cuentas y excesos a base de la medicina de siempre: más flexibilidad laboral, despidos y deslocalizaciones.

Independientemente de si se quedan con el “sálvese quien pueda” o con el “no es para tanto”, hay cuestiones que alguien debería dignarse a responder.

Porque si el problema es el precio, no hay que olvidar que han sido las propias compañías quienes han alimentado este juego. ¿Recuerdan aquellos análisis de mercado que ya hace años criticaban al sector por estar matando a la gallina de los huevos de oro a base de renovar modelos cada 6 meses, elevar la resolución y tirar los precios –y la calidad, a veces- por los suelos? ¿Acaso nadie era consciente de que la fiesta y los crecimientos de dos cifras no durarían eternamente? ¿Dónde han ido a parar todos los beneficios generados durante los años de esplendor?

Me pregunto si, como dicen que ya ocurre en Estados Unidos, dentro de poco las típicas huchas de cerdito serán una de los pocos gadgets que arrasen en los escaparates. ¿Habrá también un plan de salvación para la industria tecnológica tal y como ha ocurrido con la banca o el sector del automóvil?

A falta de respuestas, parece que por ahora lo mejor será no hacer ni puñetero caso a lo que decía el otro día el bueno de Eduardo Parra sobre pensar menos en las cámaras y más en exprimir sus posibilidades. El mercado les necesita. Jubilen ya su vieja compactas o réflex y consuman más, maldita sea.

Artículo de opinión publicado en QUESABESDE.COM

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