Obama y su traición a los blogs

Que Obama se ha convertido en un icono que vende no es ningún misterio. Que su presencia en los medios de comunicación es apabullante tampoco. Bastaba con darse una vuelta por los kioskos de los aeropuertos del otro lado del Atlántico -ejercicio que hace unos días pudimos realizar durante horas, de vuelta de la PMA- para descubrir que las portadas de muchísimas revistas son una especie de album de retratos de este nuevo Mesias mundial, llamado a salvarnos de la crisis económica pero no de quienes la han provocado, deduzco.

obama

Da igual si la revista en cuestión es un semanario político o económico, una publicación dedicada a los deportes, a los viajes o una de esas para machotes o para tipos sensibles. Por no hablar de ese curioso segmento -visto desde aquí- específicamente pensado para el público de raza negra.

Tal vez obnuvilado por tanto gasto de celulosa y papel con su presidencial efigie, el otro día el bueno de Obama provocaba poco menos que un cataclismo en los templos del mundo 2.0.

“No perdemos mucho tiempo leyendo blogs” se atrevió a decir el muy inconsciente después de que llevemos meses soportando la lata de la importancia de las nuevas tencologías en la campaña presidencial, su apuesta por modernizar la comunicación de la Casa Blanca y, como no, el insoportable rollo de su puñetera BlackBerry.

Y ahora va el señorito y dice que sí, que bueno, que todo eso de los blogs están muy bien pero que hay mucho trabajo como para hacerles demasiado caso.

¡Sacrilegio!, braman los líderes de este tinglado, pegados al teléfono esperando que, tal vez, un día el mismísimo Obama les llamara para preguntarles si debía o no colgar las fotos de su última cena oficial en Tuenti -por lo de los derechos de autor y tal- o para que le explicaran el truco de la obicuidad de Rosa Díez.

Puede que las palabras de Obama sean una ravieta o un farol de esos típicos de director de cine -ya saben, paso de las críticas y los críticos son unos fracasados…- pero, aprovechando que el Pisuerga no pasa por Washington me pregunto si después de dirigir el mundo uno tiene tiempo de pasarse el día leyendo blogs, escribiendo el suyo propio y, de paso, informando a la humanidad de lo que hace minuto a minuto en 15 redes sociales.

De hecho, ¿alguien me puede explicar como demonios se hace eso no ya dirigiendo el mundo sino trabajando?

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