Refrito veraniego: “al otro lado del mostrador”

Artículo de opinión publicado en QUESABESDE en enero de 2005

Las relaciones entre fotógrafos y vendedores son uno de esos clásicos dignos de análisis. Vas a la tienda de turno con una terrible duda existencial: resulta que no sabes -un ejemplo muy actual- si las nuevas ópticas EF-S de Canon le sentarán bien a tu flamante aunque ya desfasada EOS 10D.

Un fotógrafo con dudas y ganas de hablar es un auténtico peligro público. Así que los dependientes han desarrollado un radar para detectar a este tipo de individuos y activar, inmediatamente, la típica estrategia de escaqueo: mirar para otro lado o ponerse a ordenar los sobres de revelados, por ejemplo.

Total, que acaban pasándole el problema -es decir, tú- al nuevo. No porque sepa más o menos, sino porque aún no ha perfeccionado sus técnicas de huida. El resultado final es fácil de imaginar: acabas explicándole qué carajo es eso de la montura EF-S y, ya puestos, las maravillas de tu cámara.

Tal vez la escena haya quedado un tanto exagerada, pero seguro que todos nos hemos visto alguna vez en una situación similar. Además, no se trata de una exclusiva de la fotografía, ni mucho menos de la imagen digital. El asunto ya es viejo.

Lo que ocurre es que con el aluvión de nuevos conocimientos que han llegado con la tecnología digital, las dudas han aumentado y el problema se ha agravado. Porque ahora ya no basta con dominar los principios elementales de la fotografía, sino que también hacen falta ciertas nociones sobre los nuevos dispositivos digitales.

Es cierto. Hay unas cuantas tiendas donde la gente que trabaja son auténticos profesionales capaces de solventarte aquella duda, asesorarte sobre esta cuestión o incluso orientarte hacia uno u otro modelo. A fin de cuentas, no es ninguna locura pedir que quien nos venda una cámara sepa de fotografía.

Pero no nos engañemos, esto no ocurre siempre. Ni siquiera la mayoría de las veces. Es demasiado frecuente encontrarse con establecimientos donde los conocimientos fotográficos se limitan a hablar de los miles de millones de píxeles de la camarita en cuestión y, si estamos de suerte, del zoom 17x que incorpora.

Centros comerciales, grandes cadenas fotográficas, tiendas de informática reconvertidas, o establecimientos de toda la vida que han optado por soltarse la melena. Hay de todo. Pero lo que está claro es que las empresas no buscan dependientes a los que les guste o por lo menos interese lo que venden.

Les basta con que sepan sonreír, que soporten el horrible uniforme que les obligan a ponerse y, muy importante, que no se quejen demasiado por el miserable sueldo que reciben por 40 horas semanales. Sábados y algún que otro festivo navideño incluido.

Así que lo que muchos saben de fotografía es lo que aprendieron el primer día, en aquel fabuloso cursillo de formación diseñado por algún genio del marketing. Cuatro conceptos elementales en cinco minutos y el resto de horas dedicadas a aprender a vender más que nadie.

Al fin y al cabo, de eso se trata, de vender; de que los números cuadren. Sólo de ese modo el encargado de tienda, y el supervisor de zona y el jefe de supervisores… estarán orgullosos. Una estupenda pirámide donde el interés por la fotografía suele ser inversamente proporcional al eslabón que se ocupa.

El lema es ahorrarse cuatro duros cada fin de mes. Para conseguirlo, nada mejor que contratar a personal no cualificado. Y si por casualidad cae uno con algo de interés, ya se encargarán las pésimas condiciones laborales de desmotivarlo en un par de meses. O la otra versión; la del listo que quiere profesionales a precio de aprendices.

¿Y a qué nos conduce todo este desenfreno sindical? A mí, por lo menos, me sirve para entender por qué quien está al otro lado del mostrador me mira con cara de poker cuando le cuento batallitas del TTL o del sensor Foveon.

Teniendo en cuenta lo que pone en su nómina cada fin de mes -en el banco se rieron mucho cuando pidió una hipoteca-, conocer todos esos términos o que le importe lo más mínimo nuestras dudas fotográficas no sería profesionalidad. Sería un milagro.

2 respuestas a Refrito veraniego: “al otro lado del mostrador”

  1. Masivi dice:

    Lo curioso es que 6 años después… seguimos igual!!!!

  2. ¡Que de verdades has contado! más de una vez me ha ocurrido y eso que yo estoy aprendiendo, un saludo

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