Que la verdad no te estropee una buena foto

Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Además de a jugar al mus, aquello de “no permitas que la verdad te estropee una buena historia” es una de las primeras máximas que se aprenden en la facultad de Periodismo. Sí, ya saben, ese sitio al que iba la gente que quería ganarse la vida en este oficio antes de que los periodistas 2.0 se autogenerasen por ósmosis.

Esa bonita frase -que quien más quien menos la ha utilizado alguna vez- resume perfectamente la esencia de lo que no se debe hacer. Pero, visto el panorama, está claro que mucha gente faltó a la clase en la que explicaban esa lección y creyó que había que aplicarla al pie de la letra.

Si tienes la noticia y, mejor aún, la foto para ilustrarla, que coincida o no fielmente con la historia que hay detrás es un detalle menor. En el Caribe se suele decir que el tiempo es muy moldeable y elástico. Por aquí, para muchos periódicos y medios de comunicación ocurre tres cuartos de lo mismo con la verdad.

En todas partes cuecen habas, que suele decirse, pero hay que reconocer que Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, es un auténtico experto en esto de la elasticidad de la historia. Más allá de que nos guste o no el posicionamiento ideológico de su medio, su capacidad para convertirse él en noticia es indiscutible.

Sin ir más lejos, la semana pasada se lió una buena a raíz de una fotografía publicada por este diario. El Mundo ilustró una noticia sobre una manifestación de la izquierda “abertzale” en Bilbao con una imagen en la que, junto a algunos conocidos dirigentes de estas formaciones, se podía leer una pancarta con las letras “eta”.

La gracia -suponiendo que la tenga- es que aquello era sólo un recorte del lema en euskera de la manifestación: “Inposaketarik ez, nazioa gara” (“No a las imposiciones, somos una nación”). El “eta” era parte de una de las palabras de aquella pancarta.

La historia no tardó en convertirse en uno de los temas más comentados de la red, y Pedro J., activo usuario de las redes sociales, salió en defensa de la decisión de su diario de publicar ésa y no otra foto en la que se viera el plano general de la manifestación.

Oiga, que aquí no hay tampón de clonar ni hemos borrado a nadie ni hemos añadido nada ni usado un lobo amaestrado ni hemos pegado un lince. “La foto es de Pulitzer”, asegurabael rey del ácido bórico aparentemente sorprendido por la oleada de indignación y cachondeo que provocó la imagen de marras.

Para ser justos hay que reconocer que no se trataba de un recorte. En las explicaciones dadas por el susodicho Pedro J., se aseguraba que la foto llegó tal cual, sin que fuera necesario un reencuadre posterior. ¿Y esa mano a medio cortar?, nos preguntamos en Twitter como periodistas modernos que somos.

Un compañero del fotógrafo autor de la instantánea (Justy García Koch) nos aseguró que él había visto la secuencia y que, efectivamente, la foto era así. Era, eso sí, una de la quincena de imágenes que envió a la redacción. La elección corrió a cargo del propio periódico.

Cualquiera que sepa de qué pie cojea El Mundo no necesitará grandes explicaciones de por qué se escogió ésta foto y no cualquier otra. Si de lo que se trataba era de celebrar el buen ojo del fotógrafo para captar el chiste visual, hubiera sido perfecto combinar el plano cerrado con uno general. Algo que, por lo visto, sí ocurrió en la edición para el País Vasco de El Mundo, pero -curiosamente- no en el resto.

Pero no pasa nada. Explicaba Pedro J. que la labor de un periódico es dar su visión de la realidad. En el sentido más egocéntrico de ese “su”, añadiríamos. Matices al margen, la verdad es que ahí estamos de acuerdo.

La objetividad no existe ni al escribir ni al contar ni al apretar el disparador. Cada una de esas operaciones implica una selección. Encuadrar es decidir qué parte de la imagen se queda dentro y cuál descartamos. ¿Acaso no estamos ofreciendo en ese momento sólo nuestra visión de un hecho?

Lo que se le olvida el bueno de Pedro J. en su discurso es que esas operaciones selectivas, esa subjetividad que se le presupone a cualquier profesional del periodismo tiene que estar regida por un valor incuestionable: la veracidad. Recorto, selecciono, interpreto, contextualizo, encuadro… pero siempre con el fin de contar lo que estaba pasando, no lo que a mí o al medio para el que trabajo le gustaría que estuviera ocurriendo para, así, barrer para casa.

Y es ahí donde falla el engranaje de esta historia. La foto tiene su miga, pero representa una versión tan torticera de la realidad -en la pancarta no ponía esa ETA a la que se refiere El Mundo- que acaba incluso dando risa.

Sobre todo si tenemos en cuenta que, comparándolo con los desmanes conspiranoicos de este diario al hablar del 11-M, esto es sólo una anécdota.

Una respuesta a Que la verdad no te estropee una buena foto

  1. Maite dice:

    Gracias.🙂

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