Ojímetro neoyorquino de mercado

Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

A las compañías de la industria fotográfica sólo hay una cosa que les gusta más que coleccionar premios para sus queridas cámaras: los estudios de mercado que corroboran que el camino que ellos han tomado es el correcto y que el resto de firmas va directa hacia el abismo de quienes no supieron olisquear a tiempo por dónde iban los tiros.

Durante esta reciente pero ya finiquitada edición de la feria PMA@CES (aunque esa denominación es de un optimismo mayúsculo por parte de la primera parte de la ecuación) hemos podido asistir a unas cuantas de estas demostraciones. Que si lo que se lleva son las compactas de mucho zoom y precio modesto y en eso nosotros somos los reyes. Que si en el mercado asiático ya no quieren ver espejos réflex y quien no se haya subido al barco de las EVIL está condenado a hundirse. Que si las cámaras con Android son el futuro aunque aquí todo el mundo usa iPhone.

No hace falta ser un genio del “marketing” para saber que, dependiendo de quien pague el estudio o la encuesta de turno, los números y los colorines dirán que un tipo de cámara no tiene nada que hacer o que -por supuesto- existe un nicho de mercado ansioso por recibir dando palmas a tal o cual modelo. Seguro que hasta hay por ahí algún estudio que asegura que Kodak se va a comer el mercado en los próximos meses.

Por eso a veces lo mejor es alejarse de la pantalla, bajar a la calle y fijarse en las cámaras que utiliza la gente. O poner la oreja en un centro comercial en época navideña para ver qué preguntan los clientes y las perlas que, en muchos sitios, sueltan los vendedores para colocar una cámara y no otra. Ya saben, en plan universidad de la vida y lo-más-importante-se-aprende-ahí-fuera-y-no-en-los-libros.

De vez en cuando servidor se anima con estos improvisados estudios de mercado -de incuestionable valor científico- rondando por las zonas turísticas de Barcelona. Nada mejor que ver qué llevan los guiris colgado al cuello y qué les roban por Las Ramblas entre paella y paella para saber de verdad por dónde van los tiros.

Pero para darle un poco de “glamour” al asunto y aprovechando una parada técnica en el viaje de vuelta de Las Vegas, la idea es trasladar ahora el experimento a Nueva York. Después de todo, lo que ocurre en la Gran Manzana es lo que nos acabará llegando al viejo continente con más o menos retraso. Sea una película, una tendencia fotográfica o una crisis económica de esas que tanto le ponen a Standard & Poor’s y compañía.

Claro que cada mercado tiene sus particularidades. Y por supuesto que no puede extrapolarse tan ricamente lo que uno ve de un lado a otro del Atlántico ni de Nueva York a Cuenca. Pero para una vez que nos plantamos en la capital del mundo, nos van a permitir este ejercicio de “voyeurismo” fotográfico.

De entrada, llama la atención la presencia de cámaras Lomo e instantáneas -salvando las distancias entre ellas- en cualquier tienda con ciertas ínfulas de modernez. Es cierto que luego no nos hemos cruzado por la calle con ninguna Holga ni Sardina ni ningún trasto parecido. Pero también es cierto que seguramente no nos hemos movido por los ambientes adecuados.

En cualquier caso, y por si alguien dudaba de que estamos a las puertas -o ya dentro- de una época en la que este tipo de cámaras va a ser el regalo de moda entre los “hipsters” de turno, igual lo mejor será que lo vaya asumiendo.

Seguimos con las gafas de pasta calzadas y nos vamos hasta el MoMA. Entre Warhols, Picassos, unos Riveras que pasaban por allí y mucha cosa conceptual lo cierto es que el desfile de cámaras resultó ser de lo más peculiar: más allá de las réflex y compactas de toda la vida, nos cruzamos con un par de Fujifilm X100, otras tantas X10 y una buena ración de Canon PowerShots G (en diferentes generaciones) y Nikon Coolpix P7000.

Era tan apabullante el despliegue de cámaras de cierto volumen colgadas al cuello, que para integrarnos no tuvimos más remedio que hacer lo propio con la Nikon P7100 que llevábamos encima (y de la que publicaremos un día de estos el análisis). Daba igual que no estuviéramos por allí de reporteros ni fotografiando como locos: si aquel era el uniforme oficial, no queríamos ser menos.

Pero ya me imagino que lo que se compren los modernos y la cámara que usen los visitantes de museos a los fabricantes les da bastante igual. Lo que cuenta es el volumen de ventas, así que… ¿qué es lo que se ve por las cuadriculadas calles de Manhattan?

Pues siento la decepción, pero básicamente lo mismo que por aquí: réflex sencillas y algún que otro cuerpo de mayor calibre de los que viajan en una mochila grande. En ambos casos, los logotipos de Canon y Nikon ganan por tal goleada que al cruzarse con otra cosa dan ganas de sacar la libreta y apuntarlo.

Pero, ojo, que aunque esto no sea Japón, aquí también las cámaras sin espejo empiezan a dejarse ver. Mucho en los escaparates y algo en las calles ¿Cuáles? Mayoritariamente modelos NEX de Sony, pero con bastante presencia también Micro Cuatro Tercios, sobre todo las Pen de Olympus. Samsung, ni una. Nikon 1, muy pero que muy escasas. Panasonic, tampoco demasiadas. ¿Ricoh GXR? ¡Venga ya!

Aunque no nos engañemos: la cámara que más veces hemos visto desenfundar durante estos días de aventura americana ha sido el iPhone. Y, señor juez, nosotros también nos confesamos partícipes del delito.

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