Un time-lapse antes de que existieran los time-lapse

7 mayo 2012

Nos creemos los más listos y modernos del barrio. Nos calzamos nuestras camisas de cuadros y nuestras gafas de pasta como si nadie lo hubiera hecho antes. Usamos filtros para que nuestras fotos parezcan hechas hace una década, pretendiendo tal vez rememorar una infancia en Super 8 que no tuvimos y hacer ahora las instantáneas amarillentas que faltan en nuestro álbum. Jugamos a rescatar las Polaroid que murieron porque ya nadie las usaba, mientras en el plato gira el último vinilo del grupo indie de moda.

El filtro de estrellitas que ya en su día era una horterada vuelve ahora como novedad de alguna cámara de penúltima generación y desde que Instagram cuesta 1.000 millones de dólares y lo pueden usar los pobres con sus Android de mierda ya no mola tanto. Pero para pasar el rato seguimos aplicando el filtro miniatura a cualquier cosa que se nos ocurra y nos apuntamos a hacer un time-lapse para estar a la última, atentos por ver si podemos ser los primeros en abanderar la próxima moda fotográfica.

Y entonces, una noche de sábado rebuscas entre los DVD y vuelves a ver Smoke. Y descubres que el bueno de Harvey Keitel ya hacía eso hace muchos años. Cada día a la misma hora en su esquina de Brooklyn, con un paquete de cigarrillos en el bolsillo de su camisa blanca.

Clac. Sin metadatos, ni geolocalización ni nada. Cuando salir a hacer fotos no se llamaba ir de street photography y, así en general, había bastante menos tontería. Tan sólo una pequeña libreta para anotar los datos. Cuanto tampoco existía la apremiante necesidad de enseñar al mundo tus foto dos segundos después de sacarla.

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