“Lo terrible es que haya niños muertos, no las fotografías”

6 junio 2012
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Fotografía y periodismo son dos campos abonados a los debates cansinos. Cabría pensar que se trata de una nueva moda ahora que hay tanto parado en el sector y sobra tiempo para hablar en lugar de darle al teclado o al obturador, pero en realidad es una tradición que viene de lejos.

¿Mejor digital o película? ¿Está muerto el fotoperiodismo? ¿Canon o Nikon? ¿Lo de Pedro J. es normal o tiene cura? ¿A los que roban fotos o plagian contenidos habría que colgarlos patas abajo o del derecho? ¿Quién es peor, Cebrián o Roures?

La lista de temas de debate es interminable, pero hay uno especialmente recurrente: los reportajes que incluyen fotografías de víctimas. Tomas especialmente duras que cuando incluyen a niños -como ha ocurrido en Siria durante la pasada semana- suben un peldaño en la escala del horror.

¿Deberían realizarse este tipo de imágenes o en todo caso publicarse? ¿Existe una frontera que jamás debería sobrepasarse al apretar el disparador? ¿Es información, un intento por golpear al lector y sacudir conciencias o simple morbo? ¿Nos hemos vuelto inmunes a este tipo de imágenes y se hace necesario elevar el listón cada vez un poco más?

Porque, si hablamos de fotoperiodismo, ¿la noticia prevalece sobre cualquier otro criterio? Todo un clásico que resurge -en realidad siempre está ahí- cada vez que un premio internacional de fotografía o un suceso puntual nos sirve en bandeja una buena ración de este tipo de instantáneas.

Ayer mismo el defensor del lector de El País analizaba esta cuestión ante las quejas recibidas por la publicación de una fotografía en el diario en la que aparecían los cadáveres de varios niños tras la citada matanza en Siria de más de un centenar de civiles. Entre las protestas de los lectores, y más allá de quienes cuestionan la necesidad, el interés o la utilidad de este tipo de imágenes, resulta interesante que alguien se pregunte si se usaría una fotografía similar para una noticia referida al llamado Primer Mundo.

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Pero seguimos molando

9 mayo 2012

Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

El vaso estaba medio lleno, la cerveza fría y la música se podía soportar. No está nada mal este garito, pensé ensayando mi mejor media sonrisa de tipo duro al ver que la camarera a duras penas podía contenerse para no saltar sobre mí desde el otro lado de la barra.

Supuse que era cosa de mi chaqueta de cuero marrón. O tal vez de la barba de tío moderno que había conseguido dejarme tras acostumbrarme durante un par de semanas al molesto picor. Aunque, pensándolo mejor, tal vez el truco era la cámara que había dejado apoyada sobre la barra. Una de esas réflex grandes y negras que llevan rotulado en Arial 16 un “sí, nena, soy fotógrafo”.

Una escenita de este tipo debió de imaginar el bueno de Jaume Balagueró cuando se le ocurrió incluir en el anuncio que ha rodado para una conocida marca de cervezas (qué demonios: Voll-Damm; a ver si se animan y nos mandan una caja) a un fotógrafo en su lista de personajes intrépidos. De esos que saben vivir la vida al límite, jugárselo todo cada noche y acabar -por supuesto- seduciendo a una camarera mientras apuran la penúltima cerveza de la jornada.

“Puede que haga frío, puede que te hagas daño…”, avisa la voz en “off” del anuncio antes de recordarnos que, muchachos, sólo quienes se la juegan podrán llegar a ser lo que quieran. Y a molar, que de eso se trata en el fondo. Las opciones son ilimitadas, pero como propuestas rápidas los chicos de la cerveza apuestan por un boxeador, un jugador de rugby, un niñato en plan ejecutivo triunfador, una novia a la fuga, unos “snowboarders”, un tipo que salta en paracaídas desde lo alto de un edificio, un “perroflauta” de Greenpeace y -ahí vamos- un fotoperiodista de guerra.

En realidad la secuencia muestra a una fotógrafa, pero como comprenderán no iba a permitir que este tonto detalle me fastidiara el brillante párrafo inicial. Además, no es esto una cuestión de géneros. La idea se mantiene si en esa barra ponemos a una chica en vez de ese barbudo abofeteable. De hecho, ahora que lo pienso, la cosa mejora sustancialmente. Porque si lo del mito del tipo con cámara puede llegar a funcionar, lo de la erótica fotográfica de ellas es -si me lo permiten- incuestionable.

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Fotos de guerra “dramatizadas”

10 octubre 2011

Es una de las acusaciones más recurrentes que se le hace a la fotografía de conflictos: la presencia de los medios influye en la realidad y sus protagonistas. Esa sería la versión light, porque muchos están convencidos de que algunos reporteros directamente fabrican las escenas a medida para darle un plus de dramatismo al tema.

Posiblemente se trate de una práctica aislada -listos, al fin y al cabo, los hay en todos los sectores- pero este vídeo realizado por el fotógrafo Ruben Salvadori (y rescatado por los siempre atentos chicos de Petapixel) obliga a hacerse unas cuantas preguntas al respecto.

Da igual que una escena muy similar hubiera ocurrido 10 minutos antes sin cámaras delante o que las fotografías estén reproduciendo -fuera de su contexto temporal- algo cotidiano. Justo lo que necesita la credibilidad del fotoperiodismo en estos tiempo en los que cualquier imagen es sospechosa de ser manipulada es que a falta de trincheras o chavales tirando piedras los reporteros organicen un teatrillo a medida.

Pero más allá de lo que dicta el sentido común, puestos a repartir responsabilidades posiblemente hay que ampliar el ángulo de visión. Salvadori propone incluir a los fotógrafos como parte de este interesante ensayo autocrítico. Pero, ¿por qué no ir un poco más alla?

¿No son las agencias las que “exigen” a los fotógrafos instantáneas cada vez más impactantes para poderles hacer un hueco? Tú mándame la fotos y no me cuentes tu vida o cómo la has conseguido es posiblemente una frase bastante repetida.

¿Y qué hay de nuestra responsabilidad como consumidores de información? Aparentemente sobreinformados y saturados de drama, parece que cada vez son necesarias imágenes más impactantes para conseguir recabar nuestra atención durante un par de segundos. “Calma en los territorios ocupados de Palestina” Ni puñetero caso. “Dramáticos enfrentamientos…” ¡Ah, mira qué fuerte!

(Por cierto, hablando de fotogrfía de conflictos, es más que recomendable echarle un vistazo a la conferencia que dio Alberto Arce hace ya algunos meses durante la tercera edición de La Caja Azul)


La foto que casi les mata

26 junio 2011

Hace uno días The Guardian publicaba uno de esos artículos que debería ser de obligada lectura para quienes siempre tuercen el gesto al oir hablar de fotografía de conflictos y consideran que los reporteros de guerra son poco menos que buitres rodeados de muerte y dolor que sólo están por allí a la caza de una buena instantánea.

Ya saben, intrépidos aventureros, salvadores del mundo y todas esas chorradas que se suelen decir al hablar de la fotografía documental y el fotoperiodismo en zonas bélicas.

Curiosamente los mensajeros suelen ser el blanco de muchas críticas, en lugar de los medios y agencias que marcan en sus agendas informativas qué guerra está de moda esta temporada durante un par de semanas -enseguida nos cansamos de las malas noticias, y más si vienen de lejos y son cosas de pobres.-  y cuáles no merecen nuestra atención ni siquiera un día.

“La fotografía que casi me mata” (o the shot, el disparo, que parece más apropiado) recoge casi una veintena de instantáneas por las que sus autores se jugaron el tipo. A veces conscientes de lo que estaban haciendo, y otras en las que sólo vieron el peligro al revelar el carrete, ver la foto o analizar la situación a posteriori.

Merece la pena dedicarle un rato a leerlo con calma, pero a modo extracto explica Álvaro Ibarra Zavala sobre la fotografía de ahí arriba:

“Odio esta foto. Representa lo peor de los seres humanos […] Cuando vas a un conflicto siempre ves lo peor. Pero tenemos que verlo para poder mostrar a las futuras generaciones nuestras errores […] El chico con el cuchillo en la boca es uno más como el resto de nosotros. Lo importante es mostrar de lo que los seres humanos son capaces. El día que mis fotografías no consigan eso, lo dejaré y montaré un restaurante.”


En pie, fotográfica legión

4 mayo 2011
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Con el permiso de El Corte Inglés y su Día de la Madre y la beatificación de Juan Pablo II, como cada primero de mayo tocaba celebrar -aunque fuera en un segundo o tercer plano informativo- el Día Internacional de los Trabajadores. Claro que celebrar no sea posiblemente el verbo más adecuado teniendo en cuenta la que está cayendo.

Con casi cinco millones de personas en el paro, la economía -la de los “pringaos” de siempre, se entiende- hecha unos zorros, y los derechos sociales caminando a buen ritmo hacia los niveles de los cuentos de Dickens, lo cierto es cada cual tiene su propia lista de quejas, agravios y argumentos más que suficientes para sacar a pasear a Mademoiselle Guillotine. O al menos arrancar un par de adoquines para ver si sigue estando debajo la arena de la playa o han aprovechado el hueco para esconder billetes de 500 euros.

Y en este panorama el oficio de periodista y fotógrafo no es una excepción. En el mundo de los plumillas las reducciones de plantilla, las jubilaciones anticipadas y en general las escabechinas en la redacción hace ya mucho tiempo que son algo habitual.

Cuenta la leyenda que hace unos años era habitual -cruzo los dedos para que lo siga siendo en algunos sitios- contratar y pagar a la gente que se dedicaba a escribir y llenar papeles o pantallas. Pero con la crisis -la de verdad y la que ha servido de escusa para soltar lastre- y el invento del periodismo 2.0 pretender que te paguen por darle a la tecla es una especie de utopía en muchos chiringuitos que se hacen llamar medios de comunicación.

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“Los medios tradicionales están muertos, económica o moralmente”

24 noviembre 2010

El sábado pasado se celebró en Barcelona la tercera edición de la Caja Azul, una interesante charla-debate que en esta ocasión tenía como tema central el fotoperiodismo en zonas de conflicto. El periodista Alberto Arce y el fotógrafo Alfonso Moral fueron los encargados de abordar el tema con sendas charlas.

El tema y el ambiente era el propicio para caer en dos de los grandes tópicos de la profesión: el periodista estrella a medio camino entre el heroe y el villano en medio de la barbarie de la guerra y, por supuesto, la crisis y lo mal que están las cosas en este sector.

Pero en lugar de ir por el discurso facilón y victimista se optó por un visión que igual suena un poco apocalíptica e incendiaria pero que al menos aporta algo más que el simple lloriqueo al que nos hemos ido acostumbrando a lo largo de los años. Analizar la situación real, señalar las causas y los culpables es un ejercicio valiente que siempre se agradece.

En breve seguramente estará disponible el vídeo con las intervenciones y el debate completo, pero desde ese día me queman en la libreta un par de   frases gentileza de Alberto Arce -que, por cierto, está publicando estos días una serie de reportajes muy interesantes en Periodismo Humano– que deberían entrar ya mismo en los manuales de periodismo.

“Los medios tradicionales están muertos, económicamente o moralmente”. ¿La solución? Sólo hay una: buscar otras vías para publicar los trabajos y reportajes que no encuentran su espacio en los medios de toda la vida.

“Hay más fotógrafos y se hacen más y mejores reportajes que nunca. El problema es de los editores. No es culpa nuestra que no se publiquen ciertos temas o no se den puntos de vista diferentes. Pero no tienen ni puta idea. No abren los mails que les enviamos. No costestan. No saben lo que está pasando ahí fuera y todo el movimiento paralelo que se está generando.

“Estamos aquí porque nos gusta, no porque creamos que podamos ganarnos la vida con ello”. Posiblemente este es la parte más dura, pero tanto Alberto como Alfonso Moral coincidieron en que ha llegado el momento de asumir que el reporterismo tiene que plantearse como una especie de hobby vocacional, y no como una manera de pagar la hipoteca.

Se puede decir más alto, pero no más claro.


Fotoperiodismo según James Nachtwey

1 septiembre 2010

Otra recomendación veraniega -un poco tardía, pero seguro que todavía hay algunos apurando las vacaciones- a la que merece la pena dedicarle un rato: la charla que el conocido fotoperiodista James Nachtwey ofreció en las conferencias TED hace ya unos años pero cuyo discurso y fotografías, evidentemente, no han caducado.

También puede verse directamente aquí, con subtítulos en varios idiomas.