Cosas que hacer con tus fotos de Instagram

25 julio 2012

Superado ese momento en el que descubres que tus mejores fotos las haces con Instagram -es duro, pero es así- toca decidir qué hacer con esa colección de arte que día a día vamos acumulando en nuestro teléfono móvil.

Más allá de dar la lata a la humanidad exhibiéndolas por todas las redes sociales habidas y por haber y asumiendo que Magnum no nos va a llamar para editar un libro -ellos se lo pierden- hay alternativas bastante curiosas.

La penúltima la descubríamos hace poco a través de (como no) Petapixel: imprimir las fotos en una tableta de chocolate. En formato cuadrado y con aspecto Polaroid, más concretamente. Eso es lo que proponen en Cocoagraph, que tampoco le hacen ascos a chocolatizar (gran palabro) cualquier foto, sea o no de Instagram.

Pero dado el riesgo que puede correr una tableta de chocolate por muy fotográfica que sea, si la intención es que perduren nuestras fotografías hay opciones mejores. Por ejemplo, convertir las imágenes de Instagram en imanes para la nevera. StickyGram lo hace por unos 15 dólares (más gastos de envío) e incluye un pack de nueve fotos-imanes.

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Y después de Instagram, ¿qué?

5 octubre 2011
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

La gastronomía también tiene sus propias modas. El “gin-tonic”, que antes de ayer era un combinado de lo más casposo, ahora es casi tan “cool” como los “cupcakes” (que es como se llama en plan fino a las magdalenas decoradas). Modas que, además, se esfuman casi tan rápido como llegan. Y es así como surgen lo que Mikel López Iturriaga ha bautizado en su blog El Comidista como “comidas viejunas”.

Tras este gran concepto “gastrotemporal” hay platos que en su día lo fueron todo y ahora han quedado relegados a chiringuitos de segunda o restaurantes que no renuevan su carta desde hace unos lustros: los melocotones en almíbar, el melón con jamón, la mítica tarta Comtessa… Algo así como Kodak, para entendernos en términos fotográficos.

Porque también en este segmento sabemos mucho de modas y de histerias colectivas con cierto tipo de imágenes o retoques. Primero fueron las fotografías de alto rango dinámico (HDR), y cuando la cosa comenzó a pasarse de rosca y algunas fotos en las que el cielo estaba más oscuro que la tierra empezaron a provocar casos de ceguera instantánea, los más finolis encaminaron sus pasos hacia las imágenes “tilt-shift”.

Claro que también lo podríamos llamar “efecto miniatura”, pero parte de la gracia de estas modas es que tengan un nombre lo suficientemente sofisticado como para que durante los primeros meses la mayoría de la gente no sepa muy bien de qué hablamos.

Aprovechando que los “time-lapse” (¿ven?) también comenzaron a arrasar, más de uno se animó a hacer fotosecuencias de estas combinadas con ese curioso efecto miniaturizador. Las tres primeras docenas de vídeos nos dejaron con la boca abierta. Después ya empezó a cansar.

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